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jueves, 7 de octubre de 2010

Londres, el resto de lo nuevo (y III)

[NOTA: Terminamos de una vez la saga del viaje a Londres de julio, que iba camino de juntarse con el próximo viaje a Inglaterra, cuando lo hubiera]

Al final va a resultar que la visita a Londres no estuvo tan desaprovechada como parecía. Porque aún hubo más cosas nuevas que pudimos ver:

- Carnaby Street, que es una callecita peatonal y comercial muy mona y con mucho ambiente.



- Las Caballerías del Palacio de Buckingham, donde se guardan los caballos de la Reina. Dos jinetes y sus corceles custodian las puertas principales.



- Downing Street, con su fachada negra en el número 10, actual residencia del Primer Ministro británico (en este caso David Cameron). Están cerradas por unas verjas negras desde 1989. [foto Wikipedia]



- El Albert Memorial, monumento erigido en honor del Príncipe Alberto. Tiene mas de 160 esculturas con diferentes alegorías. Realmente bonito.




- El Museo de Ciencias. Situado al lado del de Historia Natural, repasa el pasado, el presente y el futuro tecnológico e industrial de la humanidad. Muy interesantes las reproducciones de los telares del s. XVIII y el espacio dedicado a la cosmonáutica, con el módulo lunar del Apolo X, el primero que entró en la órbita lunar y predecesor del que aterrizaría en su superficie.



Y nos quedaron pendientes varias cosas: entrar en la Torre de Londres y en la Abadía de Westminster, visitar bien el British Museum y la National Gallery, los alrededores de la ciudad (Greenwich, Windsor, Oxford...). Y por supuesto ver algún otro musical que merezca ser visto.

Por lo tanto, puedo aventurar que ésta no será la última vez que pisemos Londres.

También hablé por aquí:

lunes, 16 de agosto de 2010

Londres, lo nuevo (II)

Aún habiendo estado varias veces en una ciudad, siempre hay cosas que dejar por ver, bien por falta de tiempo o por desconocimiento.

No es diferente el caso de Londres en esta última visita. Si bien es cierto que uno ya ha visto de sobra lo más turístico (los parques, el palacio de la reina, el Parlamento, las catedrales y abadías...), ese Londres más íntimo siempre queda por descubrir.

En esta ocasión, descubrimos cosas tan interesantes como:

- El mercado de Portobello. Aunque ya fuimos a Notting Hill anteriormente, este famoso mercado de antigüedades se celebra todos los sábados. Concurrido tanto por compradores como por turistas, uno puede encontrar desde monedas antiguas hasta esculturas o pinturas verdaderamente antiguas. Cuando no hay tanto bullicio, en Portobello Road se puede ver la librería donde trabajaba Hugh Grant en la película "Notting Hill".



- El Jardín de la Torre Victoria, ubicado a pies del Palacio de Westminster (aka Parlamento). Cuenta con unas bonitas vistas al río Támesis y con una de las 12 réplicas existentes en el mundo de la escultura de Rodín "Los Burgueses de Calais".



- El British Museum. Visita obligada para todo turista pero que ni tan siquiera en esta tercera vez lo hemos visto. Eso sí, ya nos hemos acercado a sus puertas y su recibidor, y queda apuntado como imprescindible para el futuro.



- El Arco de Mármol. Situado en una esquina de Hyde Park, constituyó en su día la entrada al Palacio de Buckingham. Está diseñado a imagen y semejanza del Arco de Constantino, en Roma. Justo al lado está el "speaker corner", donde la gente se reúne para escuchar y ser escuchada de no importa qué tema.



Aparte, y de refilón, vimos las obras de Londres 2012. Por contra, como consecuencia de los Juegos Olímpicos, hay muchos edificios y lugares en remodelación, para que todo esté listo para dentro de dieciocho meses.

lunes, 26 de julio de 2010

Los Miserables, el musical londinense



Tras el mal trago de Chicago, aprovechamos la visita a Londres para asistir a uno de los musicales aun presentes en mi lista de "pendientes": Les Miserables, de Schönberg & Boublil.

Es ahora mismo el musical más longevo del West End londinense, con veinticinco años en escena ininterrumpidamente. Casi tres horas de espectáculo para contar la obra más famosa de Victor Hugo.

Podría resumir el musical del mismo modo que hice con The Lion King, es decir, enumerando adjetivos y epítetos hasta el día del Juicio, pero me veo en la obligación, igual que me explayé con Chicago, de hacerlo con éste que nos ocupa.



Según la Wikipedia

Les Misérables cuenta las historias del convicto en libertad condicional Jean Valjean quien, al no encontrar un trabajo honesto por culpa del papel que lo acredita como ex convicto, cambia su identidad para volver a vivir su vida; del inspector de policía Javert, que se obsesiona con encontrar a Valjean; de Fantine, la madre soltera de Cosette, que es forzada a convertirse en prostituta para mantener a su hija; de Marius, un estudiante francés que se enamora de la hija adoptada de Valjean, Cosette; Eponine, la joven hija de los Thénardiers que se enamora de Marius; los Thénardiers, que son dueños de una posada y explotan a sus clientes, y Enjolras y los otros estudiantes, que trabajan en la liberación de la oprimida clase baja de Francia.


No hablaré de nombres ni actores, porque principalmente los desconozco, y porque  sería incapaz de destacar alguno, todos estuvieron a un nivel de voces prodigioso (menos Marius, aunque prefiero dedicarle un post a él solito...). Aunque creo que Samantha Barks (Eponine) me conquistó el corazón con su voz.

Las canciones ya las conocía, y todas ellas son magníficas. Pero es que encima verlas representadas es una gozada.

La puesta en escena es impresionante. Una plataforma giratoria en el escenario que interactúa con los actores, para dar paso a una construcción de 4 metros de alto por, probablemente, 15 de ancho, articulable en sí misma, que se transforma para pasar de unos balcones y miradores a unas barricadas contra el ejército.

Los cambios de decorados se realizan con una facilidad pasmosa, pasando por una gravera, un restaurante o unas alcantarillas en un periquete. La iluminación juega un papel muy importante en algunas escenas, estando muy cuidada y estudiada.

Lo más gracioso de todo el asunto es que me cobraron lo mismo por ver el despropósito de Chicago que por esta superproducción sobre el escenario. Y lo mismo por unas voces mediocres como son Natalia Millán y Manuel Banderas que por registros cálidos, dulces y bellísimos de los revolucionarios galos.

Volviendo a lo bueno, sería imposible de quedarme con un número en concreto. Famoso se hizo el de "I Dreamed a Dream", gracias a Susan Boyle y el negocio que vieron los productores en ella, pero realmente, la obra tiene varios números muy por encima de éste (que ya de por sí es magnífico).

Pero como ahora no tengo acceso a los vídeos, les dejo pendiente un par de canciones para cuando vuelva a casa.

Por lo tanto y resumiendo:

¿Qué me ha parecido el musical de Los Miserables? Como ya dije hace tiempo...

... Impresionante, maravilloso, increíble, magnífico, genial, asombroso, superlativo, magnánimo, precioso, emotivo, delirante, sobresaliente, fenomenal, inteligente, deleitoso, soberbio, brillante, sagaz, portentoso, divino, inefable, perfecto, imponente, guay, ejemplar, sublime, formidable, fetén, prodigioso, molón, fabuloso, quimérico, inimaginable, indescriptible...





También hablé por aquí:

viernes, 23 de julio de 2010

Londres, una vez más (I)


Ya les dije que fuimos a pasar unos días a Londres para que la familia de mi novia conociera la ciudad.

Fue un reencuentro de conocidas sensaciones y de saludos al extraordinario ambiente londinense.

Tras tres visitas, aún sigo asombrándome con el cambio tan drástico con respecto a cualquier ciudad española: el encanto del Soho, el barrio chino con sus patos en los escaparates, el perenne bullicio de Picadilly Circus o el contraste entre lo clásico y lo moderno.

Por no hablar de los lugares más típicos: el majestuoso Parlamento presidido por el Big Ben (no puedo evitarlo, siempre me acuerdo de Willy Fog), Buckingham Palace, Trafalgar Square, la Torre de Londres y el Puente de la Torre o la Abadía de Westminster.


Me estoy dando cuenta que cada vez me gusta más Londres. Por no hablar de que es reino mundial de una de mis mayores aficiones: los musicales. Esta vez tocó "Les Miserables" (cuyo post está casi acabado).

viernes, 9 de julio de 2010

London's waiting!



En estos momentos, si no se ha caído el avión o algo parecido (¡uy uy uy, qué mal rollito! ¿no?), debemos estar volando rumbo a Londres. Después de más de dos años desde mi última visita, hoy nos vamos a pasar el fin de semana a la capital inglesa.

Estaremos hasta el lunes por la tarde y nuestra intención es recorrer de nuevo lo más importante y visitar los interiores de algunos monumentos que no hicimos en su día: la Torre de Londres, la Abadía de Westminster...

Aprovecharemos y nos quitaremos el mal trago de Chicago, yendo a ver otro musical: "Les Miserables".

A ver qué tal se da la cosa...

lunes, 17 de marzo de 2008

Londres: la catedral de San Pablo

Estando en Londres, decidimos acercarnos a la Catedral de San Pablo, una majestuosa edificación que no nos dio tiempo a ver la anterior vez.

Fue construida en el s. XVII sobre las ruinas de una catedral medieval de menor envergadura quemada por el gran incendio de 1666. Es uno de las pocas edificaciones de la zona que sobrevivió a la Segunda Guerra Mundial y fue escenario de eventos como la boda del príncipe Carlos con la princesa Diana.

La catedral también se destaca por su cúpula, la mayor del mundo después de la Basílica de San Pietro en Roma. Se pueden observar de más cerca sus frescos subiendo 530 peldaños, y luego salir de la cúpula y aprovechar de una buena vista panorámica de la ciudad.

La cripta es la cámara funeraria de la catedral y ahí se encuentran las tumbas de numerosos personajes importantes como Horacio Nelson, Wellington, Lawrence de Arabia o Winston Churchill.


O al menos, eso es lo que dice la Wikipedia, porque no llegamos a entrar. ¿La razón? Las 10£ que te pedían en la puerta. Sí, habéis oído bien, DIEZ LIBRAS, que al cambio son trece euros.

Trece euros por barba para ver una catedral construida con la fe y dinero de muchas personas. Y una catedral muy semejante a la de San Pietro o a la de San Giovanni in Laterano, también en Roma.

Estos cureros no son nada tontos, ¡pague y disfrute! Menuda cara más dura... Y yo que me quejaba de las ocho libras que te cobraban los anglicanos por su Abadía de Westmister.

Y mira si son modernos los de la sotana, que hasta se pueden comprar los tickets por Internet con antelación, ¡y hasta te descuentan 50 peniques!

Los que me conocen ya saben qué pienso al respecto de todo esto; me parece de lo más ruin cobrar por entrar en una iglesia. Otra cosa es que lo hagan por subir a la cúpula (San Pietro) o visitar algún museo en su interior (Fourvière). Y si encima cobran, para flipar es que te intenten soplar 13 pavos (en Cáceres o Amberes, un euro)

Así que hicimos lo que todo turista cuerdo y con sentido común debería hacer al encontrarse algo así: indignarse, dar media vuelta y hacerle una foto a la grande y bonita fachada (que por el momento no cobraban).



Londres



Y es que una cosa es ser tacaño y otra ser gilipollas (o sentirlo)...


Entradas relacionadas en este blog:

· La Basílica de San Pedro del Vaticano

Actualización (23.07.2010 00.01h). Tras la reciente visita a la ciudad, descubro sorprendido que entrar en la Abadía son ¡15 LIBRAS! y no ocho como dije antes.

viernes, 14 de marzo de 2008

El tren EuroStar




Estábamos en París y para nuestra visita a Londres, decidimos coger el tren. Mucho tiempo llevaba oyendo hablar del famoso Eurostar, así que tenía curiosidad de cómo iría el viaje.

Desde 1994, existe un servicio regular de trenes que enlaza ambas capitales europeas (en 1997 se unió Belgica) a una velocidad de hasta 300 km/h. Actualmente, con el Eurostar se puede llegar incluso hasta los Alpes para esquiar en temporada.

Para empezar, es un servicio caro. Algo mas que la linea de alta velocidad francesa (aunque puedes encontrar verdaderos chollos). Sin embargo, el tren por dentro es prácticamente igual que el TGV (quizás un poquito más estrecho que los vagones galos).

El Eurostar sale de la "Gare du Nord" parisina. Lo primero que nos llamó la atención es que sus viajeros tienen una zona exclusiva donde esperar y acceder al tren. Hay que pasar la aduana y las maletas (y uno mismo) pasan por Rayos X. Dentro del hall de espera hay sus Relays y sus cafeterías, como mandan los cánones del consumismo.

Como ya dije, el viaje es un viaje en alta velocidad común. Lo que yo me preguntaba era cómo sería el paso del estrecho. Sabía que no iría viendo (como alguno me preguntó) los pececitos y las algas por las ventanas (aunque hubiera sido un puntazo), pero quizás alguna señal o algo que avisara del cambio de país o al entrar en el mar.

Lo único que pasó fue que al entrar en el túnel, aminoramos la velocidad (se pasa de 300 km a 140 km/h), y en las dos entradas había unas construcciones y vallas de seguridad que me recordaron a una cárcel, con sus videocámaras y todo. Supongo que para tenerlo todo vigilado.

Después, sólo oscuridad durante 20 minutos (que es lo que tarda en atravesar el estrecho). Y de repente, de nuevo las vallas, los muros y ya estábamos en Inglaterra.

Aquí la velocidad no aumenta mucho con respecto al túnel, debido a las características de las vías inglesas (aunque están construyendo vías mas modernas).

Finalmente, llegamos a la estación de St. Pancras, de reciente remodelación. Suelo de parqué, gran iluminación y todos los carteles en inglés. ¡Bienvenidos a Londres!





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miércoles, 12 de marzo de 2008

Londres: El "fish & chips" inglés


Nada más llegar a Londres, me propuse convertirme en un habitante más, con sus costumbres y tradiciones.

Lo primero que hice fue atrasar el reloj una hora y nos adaptamos a sus horarios británicos.

Y lo segundo, dada la hora que era, fue el comer pescado frito con patatas; el famoso "fish & chips", como lo llaman los de allí, y del que tanto había oido hablar.

Este plato no es más que pescado rebozado frito con gajos de patatas pasadas por el aceite hirviendo.

En estas que entramos en un fish & chips cualquiera, Prado y yo, y nos llega la señora camarera con la carta. Vemos que hay menú y nada hay mas integrador que el menú del día. Y éste constaba del plato en sí, bebida, pan y postre. Y atención que aquí viene lo gracioso.

Para empezar, el pan no era pan norma, sino que eran rebanadas de pan bimbo untadas con mantequilla (que no estaban malas, la verdad).

El plato llevaba el pez frito, una buena ración de patatas, y guisantes, todo ello aderezado con mayonesa o mostaza. El pescado era de dos tipos: cod y haddock. Sinceramente, no teníamos ni pajolera idea de cual era cada uno, así que Prado se pidió un cod, y yo, por mi cariño a Tintín, un haddock. Más tarde nos enteraríamos que era bacalao, el cod, y eglefino, el mío (en mi vida había oído hablar de algo así).

Pero lo cachondo llegó con la bebida. En el menú ponía te/café, y uno, de costumbres continentales, pensó que eso sería para el final de la comida. Así que llegó la camarera y me preguntó que quería beber y le dije: "Coca Cola"
.-"No, mire, té o café"
.- "... ¿Agua?"
.- "¡Que no, oiga, té o café!"

Y yo pensando: "¿Cómo voy a tomar café caliente con la comida? ¡Beberé agua, como las personas normales!" El caso es que, ante el careto que se le estaba poniendo a la britis, pedí café.. Y vaya café, ¡menuda porquería! Cuanta razón tienen los que dicen que en Inglaterra probaras el peor café del mundo.

Mientras Prado se tomaba su té calentito, yo miraba y remiraba la taza del café famélico que tenía en frente.

Desde ese momento, ya me sentía como un inglés más: atrasado en una hora y alimentado con el famoso eglefino que estaba regado por un asqueroso café. ¡Viva la integración turística!

Salí de allí con dos cosas claras: cada vez comprendía más a Obelix en su viaje a Bretaña y aquella sería probablemente la última vez que pisara un "fisansip" de esos.

Ni que decir tiene que por la noche cenamos un sabroso pollito portugués...

martes, 11 de marzo de 2008

El Metro de Londres



Si hay una cosas que me llamó la atención de Londres fue su Metropolitano, o como lo llaman allí, el Underground.

Y no fue ni por su belleza (que no la tenía), ni por su funcionamiento, ni tan siquiera por sus vagones (muy muy estrechos).

Fue porque el viaje de IDA costaba ¡¡¡CUATRO LIBRAS!!! Es decir, cinco euros y pico. ¡Un simple viaje!

Uno viene de ciudades donde el metro vale un euro y claro, así de sopetón te llevas el susto.

La anterior vez que fuimos, en el 2005, apenas cogimos el metro, pues teníamos poco tiempo y fuimos dando largos paseos por toda la ciudad. Pero sí recuerdo que cogimos una vez el metro y el viaje nos costó 3£

Esta vez, ampliamos el radio de visita y usamos el metro con frecuencia (prácticamente nos movíamos en él). Afortunadamente, esta gente tenía el abono diario, llamado Day Travelcard, que por solo una libra y media más podías montarte todas las veces que quisieras.

Y esas 5.30£ ya se asemejan más a cualquier pase diario en cualquier ciudad europea (en París son nueve euros).

Es curioso este sistema del Day Travelcard, porque el billete de ida y vuelta simple, también vale 5.30£. O al menos eso pone en las máquinas de billetes. Aunque realmente, en el fondo, ambos son lo mismo, porque una de las veces, al sacar el abono, me equivoqué y saqué el de i/v, pero al final valió también para toda la jornada (me pregunto que hubiera pasado en España...)

De todos modos, parece ser que esas cuatro libras están destinadas al turista y visitante ocasional, porque existe el sistema OYSTER, que es como una tarjeta-monedero, que utilizándola, el ticket se reduce a la mitad.

Aparte del precio del billete, el underground londinense tiene otras peculiaridades:

- Los vagones son muy estrechos y bajitos. Supongo porque los túneles son antiguos y les sale más a cuenta adaptar los vagones a éstos que al contrario.

- Las escaleras mecánicas brillan por su ausencia. Solo existen en las principales estaciones, y eso si, son larguísimas. Pero en el resto, a subir peldaños.

- Las estaciones están bastante profundas. De hecho, hay una (que creo que es Chancery Lane), en la cual hay ascensores para subir a la calle, porque habría que subir ¡¡más de 300 escalones!!.

- No recuerdo haber visto a nadie tocando en los vagones su acordeón o su guitarra. En su lugar, apenas cinco o seis en los pasillos.

- La nomenclatura de las lineas es bastante complicada, al menos para el de fuera. Aparte de los colores, no se guían por números de lineas (o letras, en su defecto), sino que utilizan nombres claves. Así, por ejemplo, la azul claro es la linea "Victoria" o la roja "Central".

En fin, que estos ingleses son raros en todo, y en su metropolitano no iban a ser menos.

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martes, 4 de marzo de 2008

"The Lion King", el musical de Londres (I)



Dos semanas después, aún estoy en éxtasis, pero creo que podría resumir qué me pareció el musical...


... Impresionante, maravilloso, increíble, magnífico, genial, asombroso, superlativo, magnánimo, precioso, emotivo, delirante, sobresaliente, fenomenal, inteligente, deleitoso, soberbio, brillante, sagaz, portentoso, divino, inefable, perfecto, imponente, guay, ejemplar, sublime, formidable, fetén, prodigioso, molón, fabuloso, quimérico, inimaginable, indescriptible...

Eso, a bote pronto... y no me acerco ni a una mísera parte de lo que disfruté.

Cuando lo asimile intentaré hablar de él.

lunes, 25 de febrero de 2008

Londres ya no es lo que era...


Después de estar 3 días en la capital de Inglaterra, uno se pregunta donde se quedaron esas cosas que le dieron a London su fama mundial. ¿Dónde están esos tópicos internacionales que tanto salen en las películas y libros?.


Por ejemplo, la lluvia. En dos veces que he ido a Londres, invierno y verano, no he visto ese agua tan característica. Solo durante apenas 200 metros tuvimos que sacar el paraguas, y para una lluvia tan débil como mi nivel de inglés (que ese es otro cantar).


Y cuando fui en julio, hubo tanto sol que acabé con el cuello quemado... ¡quemado! ¡en Londres!


¿Y cuál es el otro tópico universal, carne de novela detestivesca y de intriga? La densa y gris niebla. Niebla que tampoco tuve ocasión de ver en ningún momento...


Por contra, los autobuses rojos siguen vigentes, los musicales sigue habiéndolos a puñados (el último en estrenarse, el de "El Señor de los Anillos"), gente rara sigue habiéndolas a puñados y el café sigue siendo el peor de Europa (y puede que del mundo).


Mas despacio analizaré el viaje a Londres, que tuvo sus cosillas curiosas...